1979, Martina Aguablanca vuelve a Chile después de un largo exilio en Venezuela, país escogido por su padre, quien no quiso quedarse a ver como los marxistas destruían su patria. Martina siempre se sintió extranjera en ambos lugares, el sentimiento de pertenencia e identificación nacional le resulta problemático, pues en Caracas siempre fue la niña chilena, aún cuando casi no conocía el país de su padre que abandonó siendo niña.
El exilio de su padre terminaría trágicamente en 1977, aprovechando el viaje de Martina a la Habana (en un gesto de rebeldía), momento en que se voló los sesos.
Martina, funcionaria del gobierno de Venezuela, es enviada para las celebraciones de la reelección del presidente Allende, y a evaluar la viabilidad de importar el proyecto que sostiene el éxito del gobierno: Synco, un sistema interconectado de información multimedia que funciona como computador y sistema nervioso del gobierno del pueblo, aunque no es lo único, pues también viene a reconocer el país de su padre, el país que lo devolvió hecho un guiñapo humano, asustado, irreconocible, tras su última visita, un par de años antes de suicidarse.
Sin embargo, el Chile al que llega Martina es un país muy distinto al que imaginaba tras las conversaciones con su padre. Cuesta creer que pueda tratarse del mismo lugar. En un breve recorrido nocturno, Martina piensa el futuro siempre es un país extranjero, y el pasado la patria perdida.
Volvamos a Synco, el ciber sistema de información y control del gobierno de Allende. Los usuarios se relacionan con la red Synco a través de las T-syn, o Terminales Synco, que consisten en una precaria pieza de metal, llena de interruptores y switches, con un teclado y pantalla en blanco y negro, empotradas tanto en vehículos como en los muros de las habitaciones del Hotel Carrera en que se hospeda Martina.
Todas las casas cuentan con una T-syn.
Estas terminales permiten acceder a todos los servicios externos del Hotel (taxis, comida, etc.), como a una cantidad relevante de información histórica.
Buena parte de la trama de la novela –como por ejemplo los hechos de septiembre de 1973 (que permiten que Allende continúe en el poder); la preparación especial de los GAP; el flujo Weissen González (que permite utilizar el flujo de materia entre universos de distinta densidad como generador de energía, y al parecer posibilita la intervención de la historia a través de viajes al pasado); detalles del acuerdo de Octubre de 1973 con los presidentes del partido Nacional y la DC, entre varios otros-, es narrada a partir de información emanada de una T-syn; metros y metros de papel barato y mal impreso que hacen cuestionar a Martina la realidad del paraíso socialista que se le presenta en Chile, pues le resulta imposible relacionar a esta gente amable y apacible con esos artículos improbables y a veces contradictorios emanados de la terminal.
De este modo la maquina, conectada al sistema de información y control juega un papel relevante en la trama narrativa de la novela y en la configuración síquica de Martina Aguablanca; esta información a la que accede Martina complementa y determina en el devenir narrativo las sucesivas entrevistas que sostiene Martina con actores relevantes de la historia reciente del Chile posterior al 10 de septiembre del 73, como son:
Pinochet, quien tras impedir el golpe se convirtió en un héroe y cuya intervención en el acuerdo de Octubre resultaría decisiva; Fernando Flores, ministro de Nuevas tecnologías, quien encarga a Ricardo Lagos –un joven subsecretario- que lleve de paseo a Martina por las instalaciones de Synco, un kilómetro bajo el palacio de la moneda.
Lo que vino después de la visita al ops room (la pieza de control de las fotos tan publicitadas), cambió para siempre la visión de Martina sobre Synco, al conocer el mecanismo que hace operativo a este monstruo informativo y de control social; un espacio cyber kafkiano, una burbuja ciudad sumergida, en cuyo hacinamiento circulan operarios de batas blancas, niños esclavizados entre cables que crecen junto al calor de las maquinas pantallas escasamente ventiladas, azumagados subterráneamente, varios kilómetros cuadrados bajo la moneda, kilometro cero del sistema nervioso del gobierno socialista.
El hedor es asombroso.El entorno más adecuado para la fértil cruza de estilos propia de la escritura de Baradit, con acceso interior y todo:
“Esta es una locura, y de las grandes”, pensó. Una jauría de perros se atravesó por delante de ellos hasta perderse en la oscuridad, detrás de un carrito de sopaipillas. “El futuro tecnológico del socialismo es una soberana mierda”, una red de callejones hediondos a meado, decadente. El desorden propio de cualquier proyecto tercermundista elevado a la décima potencia.
-Pero funciona bien, dijo Lagos…”
El universo de SYNCO transcurre en un lúgubre Santiago de nervios informatizados, esta visita marca un punto de inflexión en la lectura que hace Martina de la tercera vía, la alternativa cibernética a la coyuntura mundial, horrorizada oía de edificios demolidos por dentro, convertidos en enfriadores, resistencias, transistores, bodegas y contenedores que configuran una desolada ciudad convertida en la placa madre de este sistema de información y control, todo esto a espaldas de los chilenos, quienes no tienen idea de la envergadura de este programa.
Martina irrita al subsecretario con preguntas sobre el trabajo infantil, el excesivo consumo energético que supone Synco y las quiméricas alternativas planteadas, en ese momento llaman por los parlantes a Lagos, para que vaya a uno de los teléfonos de las paredes. Ese descuido es aprovechado por Armando Valdés(1), quien entrega a Martina una enigmática anotación manuscrita, sin que los GAP se percataran, aunque si constataron un contacto no autorizado, que aumentará la vigilancia sobre nuestra heroína, la que pasa a ser considerada un elemento peligroso para el sistema de información y control que administra el país.
De aquí en más la novela de Martina es sobrevivir y escapar de un país que la ha marcado por una información que no comprende, lo que la lleva a conversar con Altamirano y un analista informático de IBM, Michael Townley.
(1)Su historia es contada en un notable cuento intercalado –muy al estilo del quijote-, donde un huérfano declarado inadoptable (y que por ende puede ser utilizado por el estado), operario del sector naranja de Synco, calificado de importancia estratégica y por tanto aislado del resto de la sociedad, quien tenía por antecedente haberse detenido una vez atónito ante la pantalla repleta de ceros y de unos, para simplemente llorar.
Ante el acoso de los GAP, que vieron que no trabajaba, sus compañeros le golpearon para que cayera, a la voz de -¡Médico!, lo que le libro de la suspicacia de los calvos monjes guardianes.
Desde entonces trabajaba animoso en el puesto al que fue reincrustado hasta que un día se levantó, ante la cara de horror de sus compañeros, y no se le vio más.