Una novela latinoamericana

Por Diego Zúñiga
 
 

Resulta paradójico: una de las novelas más profundamente latinoamericana que se ha escrito en los últimos años se gana el Pulitzer. Por supuesto que hay que definir bien qué significa que una novela sea profundamente latinoamericana. Aunque es cosa de leer “La maravillosa vida breve de Óscar Wao” y comprenderlo: dictadura y familia. 


Pensar en la novela latinoamericana entendida como ese producto que se dio a conocer en el extranjero durante el período del “Boom Latinoamericano”, es recordar los libros de García Márquez, Vargas Llosa y Carlos Fuentes. Esas familias grandes, con historias trágicas, ambientadas en países subdesarrollados, en ciertos campos y luego en la ciudad. Países bajo dictaduras, víctimas de esa violencia que casi nunca se logró retratar como tal.


Ese material, actualizado y revisitado, es el que recorre la primera novela de Junot Díaz, un dominicano que escribe en spanglish, que publicó un gran primer libro de cuentos titulado “Drown”, hace más de 10 años, y que tuve la fortuna de leer hace harto tiempo, cuando llegaron a Chile un par de ejemplares que tradujo Mondadori.
Todo esto antes del Pulitzer. Todo esto antes de que Junot Díaz se convirtiera en Junot Díaz.

En esos cuentos, cuyo título de esa versión en español es “Los boys”, ya aparecía el tema del spanglish y el ritmo particular de Junot que comenzaría a consolidarse en la novela. También estaría el tema del padre. O la ausencia del padre, que recorrería esos relatos en los que la infancia, República Dominicana, y las historias de un inmigrante en norteamericana aparecerían constantemente.

Pasaron más de 10 años y llegó “La maravillosa vida breve de Óscar Wao”. Por supuesto que reducir la novela latinoamericana contemporánea a 2 temas, es echarse al bolsillo a autores como Ribeyro, Rulfo y Onetti, entre otros. Sin embargo, “La maravillosa…” da la sensación de aparecer, justamente, como una respuesta actual a ese arquetipo de historias que hicieron famoso al Boom. De hecho, no pocos han comentado que es una respuesta directa a “La fiesta del chivo”, de Vargas Llosa, en la que también se toca el tema de la dictadura de Trujillo.


A partir de estas relaciones, la relectura que hace Junot del Boom es una de las entradas más interesantes que puede tener la novela: la historia de una familia dominicana que se va a vivir a Estados Unidos. Una familia compuesta por una madre, una hija y Óscar Wao. Y también por la gente que se quedó en República Dominicana, o en el pasado.

 

Siempre me ha llamado la atención lo que significa un libro “endiabladamente entretenido”, como se califica a ciertos best sellers. Probablemente, creo, “La maravillosa…” es uno de los libros más “endiabladamente entretenidos” que he leído en mucho tiempo: hay viajes, hay humor, hay muertes, hay historias de amor y de desamor, hay aventuras y hay tristeza, todo escrito con una prosa rápida que tiene el ritmo de un centroamericano y que ha bebido, al parecer, de autores como Foster Wallace, Chabon, Lethem y también de García Márquez. Ahora que lo recuerdo, creo que el otro libro que me había parecido “endiabladamente entretenido” fue “Cien años de soledad”.

Desentrañar lo que significa que un libro sea entretenido me parece una tarea que no soy capaz de hacer. Quizá puedo trazar algunas líneas. Intentarlo.

 

1)Óscar Wao: es casi imposible que al lector no le parezca uno de los personajes más entrañables del último tiempo. Un inmigrante dominicano, gordo, muy gordo y que nunca ha tirado con una chica, lo que, para un dominicano, es algo completamente absurdo. La comparación con Ignatius Reilly (“La conjura de los necios”) no es gratuita: los dos son gordos y perdedores, sin embargo lo interesante de Wao es que en vez de tener tantos conocimientos como Reilly, es un nerd. Y esa figura, probablemente, lo hace ser alguien más cercano: su fanatismo por los juegos de rol, su llanto por el final de Robotech, su locura por “El señor de los anillos”, la escritura de sus novelas mutantes y, creo, sobre todo su frustración por no poder tener una chica, lo hacen ser una persona más que un personaje. Sólo eso explica que duela cuando una chica lo rechace.  O quizá el hecho de que todos los lectores, de alguna forma, somos nerds, Aunque eso no podría asegurarlo.  


2)La familia: la historia de la familia Wao está marcada por las relaciones amorosas que terminan mal. O que no terminan. Siempre hay problemas para estar con alguien. O ese alguien desaparece. O lo desaparecen. Y detrás de toda la historia  familiar está la mano del dictador Trujillo. En esos pequeños detalles de cómo la dictadura terminó afectando a los Wao, está una de las claves de por qué la revisita que hace Junot sobre el tema funciona: acá no hay grandes batallas, acá todo es más bien silencioso, son los pequeños dramas de una cotidianeidad que a nosotros no nos deberían parecer lejana.

 

3)Pop: el uso de la cita pop, y de recursos narrativos como el pie de página, además de armar una estructura que salta de año en años le otorgan una vertiginosidad a la historia que nos da la apariencia de ser un texto muy contemporáneo, pero que en realidad es el resultado de un lector atento, y quizás aventajado, de los referentes que antes hemos mencionado. En el fondo, Junot Díaz no está inventando nada, más bien ha empezado a traducir cosas y eso se agradece. El uso de la cita pop, por ejemplo, en general es usado de forma errada en muchos autores, ya que más que aportar al texto, parece una demostración de cuán onderos son sus gustos. Sin embargo acá funcionan porque tanto Óscar Wao como su hermana Lola están insertos en un mundo lleno de referentes, por lo que lo pop termina siendo una prolongación, de alguna forma, de sus propias vidas y de su visión de las cosas en una Norteamérica llena de inmigrantes perdidos.


4) La voz: el narrador es Yunior. Compañero y amigo de Wao, y novio, en algún momento, de Lola, la hermana de Óscar. Esta voz nos cuenta, con mucha oralidad, la historia de la que hemos venido hablando. Esta voz que, de alguna forma, también fue afectada por todos estos sucesos. Y cuenta como si fuera por una necesidad que se va vislumbrando en la medida que los hechos se suceden. Esa necesidad la descubre el lector después de ver su amistad con Wao y su noviazgo con Lola, y cómo estas relaciones fueron quebrándose. En el fondo, la escritura como una forma de redención.

5)El final: uno sufre con las historias de amor de Óscar Wao. Puede sonar exagerado, pero el nivel de vinculación que uno tiene con el personaje genera eso. Cuando a Óscar lo rechazan es como si lo rechazaran a uno, y no sé si será porque el reseñista se siente, por momentos, identificado con este dominicano perdedor, o si es algo que le sucede a todos. Pero el asunto es: finalmente Wao se embala con una chica. Y esa historia, como casi todas, termina mal. Aunque Junot Díaz nos da un regalo, una luz, con un final de esos que a uno lo hacen sentir bien. Sí, porque después de leer “La maravillosa vida breve de Óscar Wao” uno se siente bien. Y eso, creo, pasa pocas veces con un libro.

 

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