Una novela latinoamericana |
Por Diego Zúñiga |
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Resulta paradójico: una de las novelas más profundamente latinoamericana que se ha escrito en los últimos años se gana el Pulitzer. Por supuesto que hay que definir bien qué significa que una novela sea profundamente latinoamericana. Aunque es cosa de leer “La maravillosa vida breve de Óscar Wao” y comprenderlo: dictadura y familia.
En esos cuentos, cuyo título de esa versión en español es “Los boys”, ya aparecía el tema del spanglish y el ritmo particular de Junot que comenzaría a consolidarse en la novela. También estaría el tema del padre. O la ausencia del padre, que recorrería esos relatos en los que la infancia, República Dominicana, y las historias de un inmigrante en norteamericana aparecerían constantemente.
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Pasaron más de 10 años y llegó “La maravillosa vida breve de Óscar Wao”. Por supuesto que reducir la novela latinoamericana contemporánea a 2 temas, es echarse al bolsillo a autores como Ribeyro, Rulfo y Onetti, entre otros. Sin embargo, “La maravillosa…” da la sensación de aparecer, justamente, como una respuesta actual a ese arquetipo de historias que hicieron famoso al Boom. De hecho, no pocos han comentado que es una respuesta directa a “La fiesta del chivo”, de Vargas Llosa, en la que también se toca el tema de la dictadura de Trujillo.
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Siempre me ha llamado la atención lo que significa un libro “endiabladamente entretenido”, como se califica a ciertos best sellers. Probablemente, creo, “La maravillosa…” es uno de los libros más “endiabladamente entretenidos” que he leído en mucho tiempo: hay viajes, hay humor, hay muertes, hay historias de amor y de desamor, hay aventuras y hay tristeza, todo escrito con una prosa rápida que tiene el ritmo de un centroamericano y que ha bebido, al parecer, de autores como Foster Wallace, Chabon, Lethem y también de García Márquez. Ahora que lo recuerdo, creo que el otro libro que me había parecido “endiabladamente entretenido” fue “Cien años de soledad”. Desentrañar lo que significa que un libro sea entretenido me parece una tarea que no soy capaz de hacer. Quizá puedo trazar algunas líneas. Intentarlo. |
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1)Óscar Wao: es casi imposible que al lector no le parezca uno de los personajes más entrañables del último tiempo. Un inmigrante dominicano, gordo, muy gordo y que nunca ha tirado con una chica, lo que, para un dominicano, es algo completamente absurdo. La comparación con Ignatius Reilly (“La conjura de los necios”) no es gratuita: los dos son gordos y perdedores, sin embargo lo interesante de Wao es que en vez de tener tantos conocimientos como Reilly, es un nerd. Y esa figura, probablemente, lo hace ser alguien más cercano: su fanatismo por los juegos de rol, su llanto por el final de Robotech, su locura por “El señor de los anillos”, la escritura de sus novelas mutantes y, creo, sobre todo su frustración por no poder tener una chica, lo hacen ser una persona más que un personaje. Sólo eso explica que duela cuando una chica lo rechace. O quizá el hecho de que todos los lectores, de alguna forma, somos nerds, Aunque eso no podría asegurarlo.
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3)Pop: el uso de la cita pop, y de recursos narrativos como el pie de página, además de armar una estructura que salta de año en años le otorgan una vertiginosidad a la historia que nos da la apariencia de ser un texto muy contemporáneo, pero que en realidad es el resultado de un lector atento, y quizás aventajado, de los referentes que antes hemos mencionado. En el fondo, Junot Díaz no está inventando nada, más bien ha empezado a traducir cosas y eso se agradece. El uso de la cita pop, por ejemplo, en general es usado de forma errada en muchos autores, ya que más que aportar al texto, parece una demostración de cuán onderos son sus gustos. Sin embargo acá funcionan porque tanto Óscar Wao como su hermana Lola están insertos en un mundo lleno de referentes, por lo que lo pop termina siendo una prolongación, de alguna forma, de sus propias vidas y de su visión de las cosas en una Norteamérica llena de inmigrantes perdidos.
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5)El final: uno sufre con las historias de amor de Óscar Wao. Puede sonar exagerado, pero el nivel de vinculación que uno tiene con el personaje genera eso. Cuando a Óscar lo rechazan es como si lo rechazaran a uno, y no sé si será porque el reseñista se siente, por momentos, identificado con este dominicano perdedor, o si es algo que le sucede a todos. Pero el asunto es: finalmente Wao se embala con una chica. Y esa historia, como casi todas, termina mal. Aunque Junot Díaz nos da un regalo, una luz, con un final de esos que a uno lo hacen sentir bien. Sí, porque después de leer “La maravillosa vida breve de Óscar Wao” uno se siente bien. Y eso, creo, pasa pocas veces con un libro. |