Lo sabemos: en un país como el nuestro, ser cantautor y no tener como referente a Violeta Parra y Víctor Jara es arriesgado. Quizá una herejía. Aunque a mi me parece sano por momentos. De hecho: entrar por otros lados a un oficio siempre se debería agradecer. O en otras palabras: cualquier chico que quiera ser cantautor, terminará siendo influido por Violeta Parra y Víctor Jara. Puede ser algo inevitable, sin embargo es interesante el gesto: saltárselos y convertirse en un buen cantautor.
Aunque también hay otro detalle: ser cantautor en un país como el nuestro, nos remite a casos tan memorables como Alberto Plaza, Keko Yunge o Pablo Herrera: letristas que han hecho de sus baladas cursis una escuela.
Quizá por eso acá el idioma nos puede ayudar en algo: Diego Peralta, aunque suene ondero, más que un cantautor es un songwriter. Y tiene sentido cuando se escucha “De lo humano sin corazón”, su último disco. Los referentes norteamericanos como Elliott Smith, Bob Dylan, Sean Lennon, entre otros, resuenan a lo largo del disco y se fusionan con las letras y la voz de Peralta, que a pesar de su corta edad (un poco más de 20 años), tiene una madurez musical que no pocos la querrían. |
David Ponce, crítico musical de Emol, señaló que el disco de Peralta hacía constantemente referencia, a través de las letras, a gente que está escuchando algún disco. En ese constante diálogo veía Ponce que, de alguna forma, Peralta nos estaba señalando que para él los discos eran algo trascendental en su forma de ver la vida, y que, por lo mismo, se notaba que antes de ponerse a tocar, este joven songwriter había escuchado los suficientes discos que, de alguna manera, podían explicar su madurez tanto vocal como musical.
Y sí, es cierto: la lectura de Ponce daba en el clavo con respecto al constante diálogo que generaba este disco con el acto de escuchar música. Y en esa reflexión casi metamusical, quizás, me pareció que radicaba uno de los logros más notables del tercer disco de Peralta.
No sé si será de ignorancia (probablemente sí), pero creo que no había visto, de forma tan explícita, esta reflexión metamusical en otro cantautor chileno. Y ahí hay riesgo. Porque por supuesto que más de alguno puede acusarlo de cosas tan insólitas como autorreferente, sin mundo, y en fin, de las mismas cosas que se les acusa a los escritores que escriben sobre escritores o sobre escribir.
A esta altura la metaliteratura parece un pecado o un error o, como le he escuchado algunos, una pendejada. Pero a mí me sigue pareciendo que es una forma de ver la vida y listo. Leer la vida través de los libros, o en el caso de Peralta, a través de la música (escuchar y cantar), me parece tan válido como leerla desde cualquier otro lugar. De hecho, no me parece incomprensible: si la obsesión de un autor son los discos, o los libros, o escribir o cantar, no entendería por qué no podría plasmar dicha obsesión en su obra. |
Hitchcock me habla/ me habla de ti/ Y me dice que tenga cuidado/ que no me vaya a arrepentir.
Nuevamente me encuentro (como en la reseña a la novela de Junot Díaz escrita en este mismo número) con el uso de la cita pop, y de referentes que pertenecen, por lo que se entiende, al mundo de Diego Peralta, y él los usa sin problemas: una cita encubierta a Ziggy Stardust o a Charles Manson, además de escribir sobre la cotidianeidad de un chico de 20 años, son parte de lo que recorren las letras de un álbum que le debe tanto a Los Beatles como a Bob Dylan, pasando por los Beach Boys y llegando a uno de los songwriter más memorables que se puedan oír: Elliott Smith.
Se nota que Diego Peralta los ha escuchado con atención, que ha entendido que un cantautor debe tener tanto cuidado en la música como en la letra (Dylan) y ha sabido mezclar sonidos más pop (Beatles) con momentos de mucha fuerza.
Verlo en vivo es observar esa mezcla: El escenario, él con su guitarra, una armónica y listo. Despojado de casi todo, Peralta es capaz de emocionar a través de una interpretación que es el resultado de años tocando. Tiene un poco más de 20, pero hace varios que toca y eso lo he notado las 2 veces que lo he visto en vivo. |
En esas oportunidades me tocó ver al Diego Peralta más acústico, y creo que tuve suerte: en el disco se agregan más instrumentos, el sonido se hace más complejo, pero a veces se extraña esa simpleza de un songwriter con su guitarra, como me tocó verlo en vivo. En esa precariedad Diego Peralta lograba moverse sin problemas: cantaba, tocaba su armónica, se movía, “llenaba el escenario”, como dicen algunos. Reemplazaba la batería por su guitarra, la golpeaba, le pedía a las personas que lo acompañaran golpeando sus manos, y terminó armando un show completo, siempre regalando algún cover (Jeff Buckley, Brian Wilson) y nunca olvidando eso: que primero escuchó música, que de ahí viene y que sin ellos, probablemente, su música no sonaría igual. |